Siento que mis pensamientos
son inconexos,
que son un vestigio de un pasado
de esplendor.
Se hilvanan,
se desarticulan,
se esfuman
detrás de una cortina de pesar.
La silueta de la locura
se dibuja tras mi espalda.
Tirana, quiere dominar y conquistar
la poca sensatez que queda.
El rayo de luz sucumbe.
La piedra golpea el fino cristal,
volviéndolo neblina.
Y el pensamiento se transforma
en simples hilachas de filosofía...