Vos
rompiste el cristal y millones de esquirlas
se me
incrustaron en el corazón.
Antes de
conocerte la noche no tenía este sabor
a soledad,
simplemente
era brillante y ajena.
Tu
perspectiva cambia y la verdad surge
temblorosa.
Se hunde en
mi pecho, finalmente,
decidida.
Las
palabras son incontroladas pero no tan fugaces
como
debieran.
Quedan
flotando como una estela,
siguen
susurrando a mi alrededor.
Conozco la
realidad de la mentira,
era una
mentira tan dulce
que eso no
nos importó.
Nunca nos
importó jugar a un juego de máscaras.
Pero el
corazón fue más allá y cayó en la trampa.
Pobre iluso
descontrolado.
Desesperado,
buscó una salida a su sentimiento
y se chocó
contra el cristal,
frío,
inhóspito,
abandonado.