El llanto no puede brotar y
se transforma en un tsunami
devorador
que arrasa con las últimas esperanzas...
una marea
intensa
que me arrastra hasta el fondo del océano
hundiéndome,
ahogándome,
desarmándome.
Cuesta iniciar un nuevo paso,
un nuevo camino.
Cuesta transitar esta vida,
la rutina adormecedora
un caminito de hormiga,
de rebaño.
Busco una salida desesperada,
la brújula que me guíe de nuevo
hacia el centro,
a lo importante,
a lo inconsciente,
a lo esencial...
Un sendero de migajas,
de indicios,
que me ayude a atravesar
este momento,
a superar esta
tormenta.