Susurran
inquietantes,
palabras bañadas de espuma.
Miran
su distorsión en un agua
turbia de mentiras.
Respiran
frenéticamente
al compás de un tambor.
Sus
ojos se empañan
por una extraña niebla,
por
un vapor que sabe a dolor.
Sienten
un escalofrío
que les recorre el cuerpo,
Cuando
observan ese río negro
de espinas.
Las
almas agonizan
un instante infernal,
En
un fuego frío
que igual los carcome,
Los
mutila, los petrifica,
les roba la esperanza.
Y
ese augurio que sobrevuela
sobre sus sueños
Se
prende cenizas en un cielo de sangre.