Arrastran sus pies cansados
al compás de las ruedas de la tarde.
Los papelitos se mezclan con las letras
discursivas.
Los pasajeros se enseñorean
en la referencia escrita en negro temblequeo.
Diminutos
escuarridos
escurridizos,
se asoman por las plataformas.
Niñez robada, futuro saqueado
en un discurso
repetitivo,
incesante,
insensible,
interminable.
El no ser existe y el ser es inexistente.
Y los espectadores somos solo sombras
en medio del escenario donde se suicida el telón.
Arrastran las cadenas que la sociedad les construye
y se fagocitan las sobras de la miseria.
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