La vorágine rutinaria
la había sumido en un oscuro mar
de preocupaciones y obligaciones.
La hundían incesantemente
las olas turbulentas del deber.
Falta de esperanza,
se había derrumbado en el fondo
del océano,
susurrando ideas sin sentido.
La valentía se asomó, despacito,
desde su corazón y contempló,
temerosa,
la devastación a su alrededor y,
heroicamente,
comenzó un gran incendio,
iluminando las profundidades del océano.
La llama de la libertad resurgió
de las cenizas
y vibró cada vez más brillante,
irradiando y
contagiando
su energía viviente.
Un faro de libertad que
ilumina el camino hacia el ser...
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