Fuertes punzadas me congelan el alma.
Un suspiro me atraviesa de lado a lado,
tumbando mi esperanza,
volviendo mi existencia
un mero polvo
de un fuego ya extinguido.
No queda nada que me salve,
nada en que protegerme
para escapar de la tormenta,
una tormenta avasallante,
que lo consume todo.
La vida se desintegra,
pocos vestigios quedan de ella,
sólo un grito agónico hace eco
en mi memoria.
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