El alma se inunda incesantemente
de recuerdos,
de miradas,
de pesar.
La melancolía invade el ser
destruyéndolo,
perdiéndolo en suspiros
por un pasado que se extinguió.
Por un pasado inocente y tardío
que ningún futuro podrá superar.
Solo queda un presente
donde las guerras se esconden
detrás de la ingenuidad,
la verdad se esfuma en el engaño.
Un presente
donde la falsedad corroe,
provocando úlceras dolorosas y punzantes
que queman y destruyen desde adentro.
Este es el precio que pagamos
por tanta hipocresía.
El futuro no existe,
solo queda este único instante,
efímero, volátil,
donde todo desaparece,
donde todo se desintegra.
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