Un solo ladrido
quiebra el silencio de las sombras.
Es un alarido desgarrador
que hiere la noche.
Es un llamado al vacío,
a la soledad de palabras.
Avanza un frío desolador
que se petrifica en tus venas,
acallando el profundo grito de agonía.
Se congelan los segundos,
se escarchan las lágrimas en tus mejillas
y no hay suficiente consuelo
para ese dolor que te abrasa el pecho
como el mayor de los incendios.
Tu mirada se pierde,
se vacía en un pozo negro.
Solo pensás en ese frío,
en ese hielo que trepa centímetro a centímetro
por tu pálida piel.
Tu mente solo logra enfocar
el rostro perfecto de él,
un clon exacto del fantasma
que está parado al lado tuyo.
Solo pensás en un alarido aquietado,
en una ráfaga sofocada
y en un miedo intenso que le aúlla a la luna.
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