“El dardo de la luz se
clavó en el final de la risa”
Julio
Cortázar.
El dardo de luz
fue el testigo de ese final,
nublado, oscuro,
de tinieblas.
El ying y el yang
de un crepúsculo abrupto,
de un momento
donde cayó el telón
antes de que se termine la obra.
Quedando inconcluso
el destino premeditado.
Vendiendo una vida inocente
al demonio del euro.
Ese dardo, luminoso,
que trajo claridad,
se clavó como hielo,
en la noche
de una irónica risa.
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